
Ecrito por el Arquitecto Jorge Giret 👇 ✍️
El pasado 16 de mayo, se celebró el día nacional del Arquitecto, en conmemoración a la fundación de la Asociación Paraguaya de Arquitectos, en el año 1946. En adhesión a dicha fecha, voy a referirme a un tema que concierne a esta noble profesión, a la que ciertos círculos de poder político y académico suelen mirar con recelo, por el hecho de que es un semillero de espíritus críticos, rebeldes y creativos. Quizás ello explique el hecho de que las recomendaciones técnicas provenientes del gremio, son con suerte, las últimas en ser atendidas, y en no pocas ocasiones ignoradas.
Dentro del rico catálogo del Patrimonio Histórico Arquitectónico de Villarrica, la casa Ruggero ocupaba un sitio de relevancia. Inaugurada en 1937, como podía apreciarse en su austera fachada de estilo Art Deco, prácticamente exenta de elementos decorativos, salvo los sobre relieves que enmarcan las aberturas, el clásico zócalo y dos pilastras adosadas que delimitan la ochava, que se erguía orgullosa como testigo de una época de desarrollo y consolidación de la fisonomía urbana del centro de la ciudad. Fenómeno que se produjo en las primeras décadas del siglo XX, con la llegada de una marcada corriente de inmigrantes, particularmente italianos.
Probablemente algunos lectores ya habrán notado que estoy mezclando los tiempos de los verbos. Es adrede, para referirme en tiempo presente a lo que aún se puede observar y en pasado, a lo que fue recubierto con una desafortunada arquitectura comercial con la que fue intervenido recientemente el salón del antiguo Almacén Ruggero. Hay que aclarar que el conjunto respondía a un uso comercial residencial característico de aquellos años, por lo que esta última área quedó aún a salvo.
Sería un error conceptual, tratar de justificar este tipo de intervenciones, excusándonos en el “progreso”, cuando con un mejor criterio, se podrían haber atendido ambos intereses, tanto el comercial como el patrimonial. Como ejemplo se puede citar la sucursal del Banco Itaú, donde las intervenciones se limitaron a lo mínimo necesario. Y conste que el sector financiero es el que más relevancia asigna al destaque de la marca y la imagen corporativa. Sin embargo, los ejecutivos del poderoso grupo, tuvieron el criterio y la consideración de respetar el valor de un verdadero tesoro patrimonial como la ex casa Mussi Buslaiman (1910), obra que casualmente se atribuye al mismo constructor del edificio al que se refiere el presente artículo, Siro Ruggero, quien difícilmente aprobaría el nuevo rostro de su obra.
En estos días compartíamos un café con una autoridad en la materia, el Dr. Arq. Albán Martínez Gueyraud, quien me honra con su amistad, y querría transcribir literalmente su opinión sobre el tema.
“La instalación de un cartel publicitario de grandes proporciones sobre una fachada Art Deco en el centro histórico de Villarrica, representa una agresión estética y conceptual que altera de forma irreversible la lectura de su arquitectura. Este tipo de intervenciones, no solo genera una evidente contaminación visual, al romper la armonía cromática y geométrica propia del estilo, sino que se traduce en una profunda falta de respeto al patrimonio histórico de la ciudad, al subordinar el valor cultural y la memoria urbana de un bien colectivo a meros intereses comerciales”.






